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martes 17 de enero de 2017, 15:16:12
DESVIACIONES EN LOS SALTOS EN BARRANCOS
Tipo de Entrada: ARTICULO | 473 visitas

Cuelgo este artículo a fin de conservarlo, ya que la web para la que lo traduje ha cerrado.

 

Original en francés:

http://www.comite-speleo-midipy.com/speleoc/Revues/speleoc111.pdf

 

 

DESVIACIONES EN LOS SALTOS EN BARRANCOS

(Estudio realizado en el marco de un diploma de posturología clínica)

 

El descenso de barrancos es una actividad deportiva que atrae mucha gente de forma ocasional por su carácter lúdico y el entorno donde se desarrolla, pero también por parecer una actividad sencilla y sin peligros. Si embargo, se trata de un deporte con numerosa carga técnica según sea un descenso acuático, vertical o mezcla de ambos.
Las técnicas de rápel o de aguas vivas llevan un proceso de aprendizaje o un aseguramiento por un guía o monitor. Por el contrario, otras habilidades como el caminar por el lecho, pequeñas escaladas, destrepes y saltos, están más ligadas a las capacidades de cada uno (capacidades psicomotrices, sensoriales, motrices…).

 

ACCIDENTOLOGÍA

Los diferentes estudios de accidentología realizados (“Inventaire des accidents en canyon survenus en France en 1998” por los Drs. RGAUMER y Y-KANEKO, “Étude des accidents en canyon entre 1990 et 2002” por E-ALEXIS) pusieron de manifiesto que las lesiones más habituales son traumatismo por fracturas de los miembros inferiores, heridas, esguinces y luxaciones, las cuales se producen, principalmente, en saltos, ya sea por mala técnica en el gesto o por impacto en la recepción.

Los saltos son entonces la primera causa de accidente, muy por delante de los rápeles (42% frente a 13%), y por ello el interés de la problemática y el estudio con las capacidades posturales del individuo.

 

Hemos constatado que un cierto número de personas presentaba desviaciones durante sus saltos. Estas desviaciones podían ser laterales o anteroposteriores, incluso ambas. Esto va a condicionar el éxito del salto en la fase de entrada al agua, y puede tener consecuencias graves.

 

 

 

 

EN BÚSQUEDA PERMANENTE DEL EQUILIBRIO

Estamos permanentemente en búsqueda del equilibrio con el fin de mantener la postura más adecuada a la actividad, ya sea sencilla como estar de pie o más compleja como un desplazamiento (la marcha) o incluso acrobática (los saltos). La postura es la organización en el espacio de las distintas partes del cuerpo y tiene en cuenta la morfología de la persona, sus capacidades físicas, sus emociones, su deseo de expresión, su deseo de preparar o prolongar la acción deseada, con el mejor compromiso entre eficacia, por una parte, y gasto de energía por otra. Hay pues muchas maneras de mantener una postura teniendo en cuenta tanto aspectos internos de cada uno, como las dificultades externas vinculadas al medio ambiente. Es una elección permanentemente de estrategia que se establece con el fin de responder de la manera más adaptada y más potente a la acción considerada. Además, la solicitud de un resultado en la acción deseada (como en el caso de los saltos) va a reducir la elección de las estrategias. Por otra parte se puede considerar que toda afección sensorial, motriz o del sistema nervioso central, va a reducir la calidad de la respuesta postural. La función postural pone así en juego la utilización de la construcción del esquema corporal y la de la información multisensorial por la acción de las redes posturales.


Es pues una actividad sensomotora, que requiere permanentemente de una interacción entre los distintos sistemas sensomotores como el sistema visual, el sistema laberíntico (oído interno), el sistema proprioceptivo (receptor articular, musculotendinoso, dental), el sistema táctil (presoceptores de la placa plantar), con el sistema nervioso central y el sistema músculoesquelético.

 

 

 

 

UN ESTUDIO, 2 CAÑONES, 74 PERSONAS, 204 SALTOS

 

 

El estudio se refirió a 74 personas (28 mujeres y 46 hombres) de edad media 25 años (mínimo 10 años, máximo 46 años), para un total de 204 saltos y para el marco natural del Miraval (Monte perdido) y la Peonera (Sierra de Guara) durante el verano 2005.


Nos basamos en fotografías (realizadas desde la parte baja y de cara), en las observaciones del guía, que permaneciendo al principio del salto para la seguridad, apreciaba la calidad del impulso, la presencia o no de desviación y el estado de aprehensión, y luego sobre un cuestionario (rellenado en final del barranco) lo más extenso posible para conocer mejor las personas (refiriéndose todas las entradas posturales y el aspecto psicológico vinculado a la actividad).

 

65% DE DESVIACIONES

El primer dato es significativo: un 65% de los saltos presentan una desviación con un predominio de desviaciones anteroposteriores. Pero también que sólo el 4%, o sea 3 personas, no tuvieron ninguna desviación sobre los tres saltos realizados

 

Nuestro estudio tenía por objeto intentar entender cuáles eran los distintos factores que se producían sobre el cuerpo en el salto y sus influencias sobre posibles desviaciones. La brevedad de los saltos en barranquismo (de 3 a 9 m para nuestro estudio) puede hacernos considerar las acciones sobre el aire circundante como desdeñables. Se puede entonces considerar que las condiciones iniciales, que son postura e impulso, regulan enteramente la cinemática del cuerpo Así pues, estudiamos la influencia sobre el equilibrio durante el salto del impulso y de los distintos desordenes posturales que pudimos destacar, teniendo en cuenta la parte psicológica.


El impulso tiene pues una parte preponderante en la realización de un salto, pero para entender mejor su implicación es importante reconsiderar el contexto de los saltos en barranquismo, donde la superficie de impulso es raramente plana, extensa y cómoda sino más bien inclinada, irregular o incluso deslizante. Esto puede explicar que, a pesar de un elevado tipo de impulso franco (68,13%), más de la mitad se asociaba a una desviación. Se tiene en cuenta que mientras los saltos sin desviación se realizan al 84,5% con un impulso franco y que claramente los impulsos vacilantes se asocian claramente a una desviación (83,07%).


Si se consideran las distintas fuentes de desordenes, parece que la parte psicológica es ciertamente la más importante. Es necesario reseñar que un 61% de nuestros saltadores practicaban el barranquismo por primera vez y que un 33% de ellos nunca habían saltado. Esta actividad, aunque se practica voluntariamente, puede generar miedo o incluso angustia. Constatamos que las desviaciones en relación con el miedo se distribuyen más bien en anteroposteriores. Parece que, según las personas, un fuerte miedo les haga más bien rechazar el salto y desviarse hacia atrás, mientras que un miedo moderado, los llevaba a observar más intensamente hacia abajo inclinando la cabeza para ver su punto de caída, implicando así una desviación hacia el frente. Esto es vinculado a una actividad reflejo que asocia a la flexión del cuello hacia el frente, una flexión de los cuatro miembros, que generan un eje de balanceo hacia el frente.


Parece que los problemas de vista implican sobre todo desviaciones hacia el frente (39,9%). Esta hipótesis es reforzada por el hecho de que sin corrección óptica, las personas que tienen un defecto duplican prácticamente la proporción anterior (66,60%). Esto nos incita a pensar que las desviaciones hacia el frente están vinculadas íntimamente a la necesidad de observar hacia la parte baja con un movimiento de cabeza asociado, para ver dónde se va. Este comportamiento de observación del lugar donde se va se encuentra en todos nuestros desplazamientos. En efecto, la referencia visual es muy importante puesto que el análisis de los flujos visuales y del punto de fijación nos informa sobre las características del movimiento que hacemos (dirección, sentido, velocidad y objetivo).


En lo que se refiere a los desordenes del equilibrio o inestabilidad, se constata una subida significativa de las desviaciones hacia atrás (28,57%). Sin embargo, el hecho de no contabilizar ningún desorden vestibular [N.T. referente al oído interno] conocido no nos permite prever sus consecuencias sobre estas desviaciones. Por el contrario, al asociar la sensación de vértigos a las alturas, aumentan considerablemente los tipos de desviaciones posteriores (33,33%) y sobre todo hacia delante (38,09%). El vértigo a las alturas se estudia aquí para ponerlo en paralelo a los desordenes del equilibrio. Cuando se estudia separadamente, se vincula más con un fuerte miedo, así el aumento de las desviaciones posterior sería interpretada como una negativa a ir hacia el vacío, hacia abajo.


También consideramos los desordenes vinculados a la mandíbula y a la mala oclusión dental; en efecto los dientes poseen una multitud de captadores proprioceptivos que informan permanentemente al sistema nervioso central sobre la posición de la mandíbula, la información va al cerebro y este ordena al tronco. Los desordenes de la mandíbula o mala oclusión son los que sufrieron la mayoría de las persona estudiadas, lo que representa el 79,72%, para los cuales, los resultados se parecen sin embargo a los resultados generales. Sin embargo, cuando se considera el gran número de personas que tienen un tratamiento de ortodoncia, se aprecia entonces una muy neta mejora de las tasas de saltos sin desviación, con una fuerte disminución de las desviaciones posteriores. ¿Se puede deducir, no obstante, que los tratamientos de ortodoncia implican modificaciones de la tónica postural, en una proporción más importante que los problemas de mala oclusión, o más bien que algunos tratamientos de ortodoncia pueden implicar desordenes de mala oclusión importantes que generan entonces un déficit de tónica postural?


Por lo que se refiere a los desordenes de la espalda y las articulaciones, tuvimos en cuenta una proporción importante de esguinces (49 entre los cuales 31 de tobillo). Las desviaciones permanecían sin embargo en la norma general. Esta es la razón por la que intentamos comprobar si la realización de una rehabilitación sensorial y motriz pudiera tener una influencia sobre la tónica postural general y en consecuencia sobre una mejor recuperación post traumática de las capacidades posturales. Los resultados parecen ir en este sentido.


En cuanto a los resultados vinculados a los problemas de pies, son difícilmente interpretables. No están representados más que por 6 personas y era imposible comparar una población portadora de plantillas y una de no portadora para considerar la influencia que eso podía implicar.

 

EL CUERPO SE REGULA

También pudimos observar actitudes compensadoras y de regulación como los movimientos de brazos y piernas (o pedaleo) que permitían ciertamente controlar un déficit de tensión postural que hasta puede no ser percibido por la persona misma. Se puede, por ejemplo, prever un desorden de tensión postural por una mala oclusión dental que induce a una asimetría en la localización de las articulaciones mandibulares y que genera el desequilibrio de tensión de los músculos del cuello y paravertebrales, al cual se asocia un ligero miedo cuando los saltos sobrepasan 5m. Durante el salto la persona pedalea cada vez que mira hacia abajo, sin por ello causar desviación. Por el contrario si rectifica la cabeza a partir de la fase de despegue, el pedaleo desaparece y no hay siempre desviación. Sin embargo, habíamos constatado que las flexiones de la cabeza hacia el frente tendían a inducir desviaciones hacia el frente, así como el miedo moderado. Lo que implica que según las personas, la mirada hacia abajo asociada a un movimiento de la cabeza hacia delante implica una desviación hacia el frente ya que no se aplica ninguna corrección, mientras que en otros eso va a generar un pedaleo o un movimiento de brazos para controlar su equilibrio sin por ello hacerlo voluntariamente.

 

UN INDIVIDUO, UNA FIRMA POSTURAL

El estudio de las fotografías nos permitió constatar con interés, la reproducibilidad de una postura propia a cada persona fuera de las desviaciones. Se habría podido pensar que durante una caída tan breve como es la fase de despegue del salto, el cuerpo no tiene más fuerzas de reacciones que interfieren sobre él, y perdería toda expresión propia al individuo. Todo lo contrario, cada individuo posee su propia firma postural. Esta postura o firma postural era para algunos un ligero gesto o movimiento de una parte del cuerpo, para otros una actitud bien general y manifestándose sobre el conjunto del cuerpo. Y como muchas cosas, era más o menos visible según los individuos.

 

 

CONCLUSIONES

El descenso de barranco es una actividad deportiva apasionante y compleja. Combina el descubrimiento del medio natural con las técnicas propias que impone. Es también una actividad que atrae a muchas nuevas personas, con capacidades deportivas variables. La guía por profesionales acreditados o por monitores de federación parece algo sensato. Esto no resta que cada individuo es portador de sus deficiencias, y que a veces es difícil para la persona que guía gestionar sus conocimientos para un buen desarrollo de la salida. La cuestión de los saltos y la información que debe darse para una buena realización sigue siendo una preocupación crucial. Nuestro estudio no tenía la pretensión de decir cómo es necesario saltar, sino de intentar por lo menos dar algunas indicaciones sobre la existencia de algunas desviaciones. A pesar de la multitud de información que este estudio generó, no podemos vincular un tipo de desviaciones con un tipo de déficit, ni considerar una desviación como la firma de un desorden postural. Al contrario, un desorden conocido no parece implicar sistemáticamente una desviación, puesto que los mecanismos de control y corrección pueden compensarlo. Sin embargo, era interesante poder observar algunos de estos mecanismos como agitación de los brazos, los pies o modificación de la inclinación de una parte del cuerpo. Ciertamente el hombre no esta tan dotado como el gato para restablecer su equilibrio en el aire, pero sobre todo, los individuos no son todos iguales en este hecho. Aquí, el concepto de calidad de la representación de nuestro esquema corporal parece primordial.

Sí podemos permitirnos algunos hechos:

Parece importante que las personas que presentan desordenes de visión y que llevan gafas o lentes de contacto las tengan imperativamente durante los saltos. Las lentes de contacto son por supuesto más prácticas, y basta con cerrar los ojos en el agua para no perderlas, pero es mejor gafas que nada (en este caso una goma ajustada detrás de la cabeza permitirá que no salten en el impacto). El riesgo de que las gafas hieran al soltarse en un gran salto nos parece minúsculo frente a la desviación que sería producida por una visión de mala calidad.

La colocación a la derecha de la cabeza desde de la fase de despegue permitiría evitar algunas desviaciones hacia el frente.

La rigidez del cuerpo durante la fase de despegue va a minimizar las capacidades de control y corrección. Es preferible preconizar una posición flexible y relajada en la fase de despegue. A la entrada en el agua será necesario entonces agruparse verticalmente y con una determinada tensión, conservando al mismo tiempo una capacidad de amortiguamiento al impacto en el agua (o incluso con el fondo de la poza).

Una serie de personas se tapan la nariz para saltar, lo que implica múltiples problemas:

 

o se abre el codo y con el impacto hay riesgo de traumatismos en la cara (palma de la mano que percute violentamente la nariz, rasguños por la uña del pulgar de la nariz, los párpados y el ojo).

 

o permanece pegado al cuerpo y es la cabeza laque se inclina entrañando entonces un balanceo hacia delante.

El gesto ideal consistiría no taparse la nariz más que en el momento de la reagrupación antes de la entrada en el agua. La colocación de una pinza de natación en la nariz parece ser otra alternativa.

Como lo constatamos, el miedo puede generar problemas. La sensatez nos impulsa a decir que no es necesario forzar a persona a saltar, pero eso parece tanto más verdadero cuando los saltos superan 5m. La mezcla miedo, inexperiencia y cualquier otro desorden insospechado puede ser fatal en la entrada en el agua.

Autor: Muriel Maestripieri

Traducción:Mikhail




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